¿Cómo tratar el TDAH siendo adulto?

¿Cómo tratar el TDAH siendo adulto?

¿Qué es el TDAH?

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo de origen neurobiológico con impacto en el nivel de desarrollo personal, social y académico/laboral. Actualmente, conocemos mejor el trastorno y su diagnóstico en niños, pero, ¿qué pasa con los adultos?

El TDAH tiene un importante componente hereditario. Por lo que, si nuestro hijo es diagnosticado de TDAH, nuestra probabilidad como padres de cumplir criterios de TDAH aumenta entre 2 y 8 veces más que el resto de la población. En la práctica clínica encontramos pacientes adultos que, una vez sus hijos han sido diagnosticados, se sienten identificados con ellos: con su incapacidad para permanecer quietos, no poderse concentrar, etc.

¿Cómo se manifiesta en los adultos?

El TDAH se caracteriza por un patrón constante de inatención, hiperactividad e impulsividad, generando dificultades de adaptación al entorno. En adultos, los problemas de inatención se traducen en problemas como perder objetos, olvidar citas o realizar tareas, cometer errores en la realización de tareas, no planificar sus actividades, distraerse con frecuencia, dificultades para mantener la atención en tareas que requieren concentración, postergar tareas o tener dificultades para concluirlas o hacerlo a tiempo.

La hiperactividad, a diferencia de en los niños, que puede observarse por su inagotable energía y estar en constante movimiento, en los adultos es una hiperactividad de experiencia interna, sintiendo una inquietud subjetiva interior que no le permite relajarse. Sí que guardan en común con los niños el no tolerar fácilmente tener que estar parado, sin moverse, mover las piernas o jugar con las manos mientras se encuentran sentados.

Finalmente, la impulsividad en el adulto queda reflejada en problemas de autocontrol (no pensar antes de actuar), reaccionar con demasiada rapidez sin tener en cuenta las normas sociales o las consecuencias de las acciones, problemas para esperar el turno, responder de forma precipitada cortando a los otros. Además, en el adulto también se pueden encontrar signos como baja motivación, problemas con el manejo del tiempo o con la regulación de las emociones.

De las tres áreas de sintomatología, según el Manual Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), en función del síntoma de mayor predominancia, el TDAH puede ser de presentación:

  1. Inatenta
  2. Hiperactivo/impulsiva
  3. Combinada, presentando tanto sintomatología inatenta como de hiperactividad/impulsividad.

Para el diagnóstico del trastorno se requiere un proceso de evaluación completo, empezando por una entrevista clínica estructurada, una evaluación neuropsicológica donde valorar las diferentes funciones ejecutivas, así como pruebas neurofisiológicas como el electroencefalograma y el EEG cuantificado, que nos permiten valorar la actividad cerebral así como valorar la existencia de actividad epileptiforme u otras patologías orgánicas. Los potenciales evocados cognitivos son así mismo una herramienta útil en la valoración de los pacientes con TDAH, ya nos permiten evaluar de forma dinámica y objetiva el procesamiento cognitivo de la información, por lo que son de gran utilidad en la valoración de la disfunción cognitiva, ya que nos proporciona información que nos ayuda al diagnóstico diferencial de distintos trastornos y a la planificación de las diferentes intervenciones en cada caso específico, así como poder realizar controles de la efectividad de dichas intervenciones de forma objetiva. Este proceso de evaluación nos permite determinar si presentamos TDAH y también poder determinar el tipo que presentamos: tipo inatento, hiperactivo-impulsivo o de tipo mixto. Por otro parte, al ser un trastorno del neurodesarrollo, se requiere que algunos de los signos y síntomas del TDAH se hayan iniciado y mantenido desde la infancia, con afectación del ajuste al día a día en algunas áreas, como en el desarrollo escolar.

Lo que los estudios muestran de la evolución del TDAH es que, entre un 40–50% de los niños diagnosticados de TDAH, sigue presentando criterios de TDAH siendo adultos, con importante afectación funcional en su vida: mayores dificultades laborales e inestabilidad, conflictos más frecuentes en las relaciones interpersonales, problemas en gestión del dinero, puntualidad o recordar citas o en el manejo de los hijos. El TDAH presenta, además, importantes comorbilidades con trastornos de ansiedad, personalidad y trastornos adictivos. Ahora bien, en población adulta, el TDAH se encuentra infradiagnosticado, lo que no permite su tratamiento. Y, con frecuencia, a pesar de existir un diagnóstico de TDAH, los pacientes no reciben el tratamiento adecuado.

¿Qué opciones de abordaje tenemos para el TDAH como adultos?

Ahora bien, ¿qué opciones tenemos si recibimos un diagnóstico de TDAH? Los tratamientos de mayor efectividad demostrada actualmente son el tratamiento farmacológico y la terapia cognitivo-conductual. El tratamiento psicológico permite trabajar técnicas y estrategias para abordar las posibles dificultades que presenta la persona en diferentes áreas de su vida (personal, de relación, laboral, etc.). Técnicas como la regulación de la conducta, utilizar autoinstrucciones para guiarnos en las tareas, aprender a relajarnos y estrategias como el mindfulness pueden ser clave para gestionar nuestro día a día.

¿Qué beneficios podemos obtener de la intervención psicológica?

El abordaje psicológico, mediante el entrenamiento y aprendizaje de diferentes técnicas y estrategias cognitivo-conductuales, nos puede reportar beneficios en nuestro día a día, permitiendo un mejor ajuste a nuestro entorno y mayor bienestar. Comprendiendo como funciona nuestro cerebro y sus diferencias, podemos, por un lado, aprender herramientas para trabajar nuestras dificultades (ej. gestión del tiempo o abordaje de las distracciones) y, por otro lado, conocer como optimizar las potencialidades, como la creatividad o el gran foco en tareas de nuestro interés. Otro beneficio que podemos obtener es aumentar nuestra consciencia emocional, aprendiendo a reconocer como nos sentimos y qué herramientas podemos usar para encontrarnos mejor o aprender a relajarnos y disminuir esa tensión interna que sentimos. Técnicas como el Mindfulness han demostrado ser efectivas en el tratamiento del TDAH tanto para mejorar nuestra regulación emocional e impulsividad como para relacionarnos de otra forma con nuestro contenido mental, aquello que pensamos y sentimos. Finalmente, la intervención psicológica también nos puede ayudar a trabajar las creencias que hemos podido ir asociando a lo largo de nuestra historia personal y que ha ido afectando a nuestro concepto, es decir, la visión que tenemos de nosotros mismos. En diversos casos, la no adecuación a la escuela ha podido ir asociada con creencias de ser mal estudiante, no ser capaz o no tener las mismas habilidades que los demás, llevando a creencias autolimitantes y baja autoestima.

Referencias

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